El uso del maíz criollo se ha consolidado como un elemento clave dentro de un modelo de ganadería regenerativa que se implementa en ranchos-escuela de la región de Los Altos de Jalisco, al contribuir a la mejora de la calidad del ganado, el fortalecimiento de la soberanía alimentaria y la adopción de prácticas agropecuarias sustentables.

Lo anterior se desprende del trabajo de investigación del Cuerpo Académico CA:1070 Sustentabilidad de los Sistemas Agropecuarios y Agroalimentarios, del Centro Universitario de los Altos (CUAltos), integrado por los doctores Humberto Ramírez Vega, Darwin Heredia Nava, José Ángel Martínez Sifuentes, Víctor Manuel Gómez Rodríguez y Raquel Martínez (como invitada).

La ganadería regenerativa es considerada una alternativa sostenible orientada a restaurar los ecosistemas, mejorar la salud del suelo y favorecer el bienestar animal, y se aplica en unidades de producción lechera y en sistemas de producción de carne

Dentro de este esquema, el maíz criollo desempeña un papel central, al ser uno de los más accesibles y tradicionales de México, que permite producir forraje de alta calidad que mejora la alimentación del ganado y, como resultado, éste genera productos con mejores características. Además, al incorporar ilumina –un probiótico que aporta microorganismos benéficos–, pueden convertirse en alimentos con beneficios para la salud humana.

Un aspecto clave es que el maíz criollo utilizado debe ser originario de la misma región donde se siembra, puesto que las semillas locales están adaptadas a las condiciones específicas de clima y suelo del territorio; en el caso de semillas provenientes de otras regiones, puede afectar el rendimiento y comprometer la calidad del forraje. 

Para garantizar su conservación, se realizan colectas de maíz criollo que se resguardan en el Centro Nacional de Recursos Genéticos (CNRG), un banco genético nacional donde se almacena semilla sin modificaciones, preservando su pureza biológica y valor como patrimonio agrícola.

Este trabajo se inscribe también en una línea de investigación enfocada en la conservación, selección y aprovechamiento de los recursos genéticos de los maíces nativos; y estas acciones se alinean bajo el marco normativo vigente que promueve la protección del maíz nativo como patrimonio biocultural del país.

El modelo se ha implementado en dos ranchos de la región: El Progreso y Pueblo Viejo, de Mezcala, que han colaborado con el cuerpo académico para aplicar los procesos estudiados en un entorno real, tales como actividades de observación, experimentación y evaluación del modelo, para conocer su viabilidad productiva, ambiental y social.

Como parte del proceso formativo, estudiantes de carreras como Agroindustrias, Sistemas pecuarios, Nutrición y medicina Veterinaria, realizan visitas guiadas a los ranchos-escuela, con el objetivo de conocer el desarrollo tecnológico y científico que se implementa, a fin de que los futuros profesionistas puedan replicar este modelo en sus comunidades.

De manera paralela al trabajo de campo se desarrollan proyectos de investigación a nivel pregrado y posgrado, en los que se abordan temas como la nixtamalización y la obtención de compuestos fenólicos del maíz criollo, con potencial aplicación en el desarrollo de alimentos. 

Se proyecta asimismo la ampliación del proyecto hacia animales de pastoreo como cabras y borregos. En la producción cárnica, se trabaja con la raza de cerdo pelón mexicano, una especie nativa cuyo rescate contribuye a la preservación de la biodiversidad y fortalecimiento de la soberanía alimentaria, y se analiza la incorporación de abejas al sistema productivo, lo que permitiría favorecer la polinización, diversificar los productos y fortalecer el ecosistema.

Este modelo busca reducir los niveles de pobreza en zonas rurales mediante prácticas de bajo costo y alto rendimiento, además de que se complementa con acciones ambientales como siembra de árboles, que contribuyen a mejorar la captación de agua, reducir la erosión del suelo y fomentar ecosistemas más saludables. 

Los investigadores subrayaron que este enfoque no debe confundirse con agricultura orgánica, puesto que es un modelo regenerativo basado en el aprovechamiento de los recursos del propio rancho, restaurando los suelos y fortaleciendo la autosuficiencia de los productores.

La investigación se desarrolla en colaboración con diversas instituciones educativas y científicas, entre ellas la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM), la UNAM, el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) y la red internacional MEARPA, integrada por instituciones de México, Argentina y Paraguay. También participan la Universidad de Guanajuato (UG), la Universidad Metropolitana (UM), la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo (UAEH) y la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG). Y próximamente se integrará la Universidad de Costa Rica.


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